Queen - Queen II

Hace uno años mientras escuchaba los famosisímos discos de los 80 de Queen, Cristán Chico me dijo “Loco cachate este” era el disco Queen II del año 74, hasta hoy me doy cuenta que Chico me enseño algo que no iba a olvidar jamás, gracias Chico por ti hallazgo… este es a mi gusto unos de los discos mas crazy que he escuchado y mi segundo disco más querido despues de A night at the opera.
Cómo evaluar un clásico del rock? Cómo siquiera ser digno de calificar a una banda que elevó los estándares del rock y lo transformó en la artisticidad más grande de todos los tiempos, aún cuando para círculos ortodoxos esto es la muerte del rock and roll.

La respuesta trataré de dilucidarla en estas palabras.

Queen fue y será la gran banda de rock británico junto a los Beatles, The Who, Sabbath, Stones y Zeppelin, amalgamaron un sinfín de influencias creando un estilo único. Que tomó del heavy metal de ese entonces, todo ello decorado con una sensibilidad pop que los llevó a impactar el mercado, posicionándose a vender casi 200 millones de discos y 80 millones de singles.

Si bien fue Sheer heart attack lo que les dio poder económico, y el mencionado A night… su primer número 1, fue Queen 2 la imposición de su poco ortodoxo sonido. Una placa llena de matices, de oscuridad demoníaca y luz celestial.

Queen jamás fue predecible, cuando tienes un disco de ellos, sabes que encontrarás para todos los gustos. Este disco radicaliza a dimensiones infinitas esa paradoja, de música excelsa, pasas al rock and roll callejero, luego al blues, luego al gospel, luego a la ópera rock, luego al flamenco y desembocar en el heavy metal más brutal.
El álbum se grabó con todo el arsenal tecnológico posible.

Este disco se divide en dos partes o dos grandes canciones, “The white side” y “The dark side”, el primero es compuesto por May principalmente, y evoca poéticas memorias de un viajero que vive el lado bondadoso de la naturaleza humana, expone la relación de un padre y su único hijo, nos muestra hadas que llevan las buenas nuevas, etcétera, todo ello en un marco Homérico, cuasi renacentista. Son 20 minutos de un Tolkien en ácido.

La segunda parte, es el lado oscuro, asumido en su totalidad por Mercury, y he acá lo mejor de esta obra. Composiciones barrocas, intrincadas, sobrearregladas, letras ambiciosas, ambiguas, pero a la vez banales, acá no encontrarás metáforas sobre el conflicto canadiense- norteamericano (como en “The Trees” de Rush) ni tampoco el speech obrero laboral de Sabbath, sino que sobre tus oídos cae una prosa insunza, pagana, que se vale de las mejores metáforas y burlas para ilustrar una orgía de la reina negra o el espectáculo de un duende que quiere partir una nuez frente a una audiencia de monstruos. En fin, peladas de cables por mayor.

Llama la atención las alusiones a la Divina Comedia, pero en este viaje, se partió por el cielo y se termina en el infierno, siendo el purgatorio asumido por el propio auditor al evaluar este insano producto.

Abre con “Procession”, una instrumental con casi 6 guitarras (sino más) que perfectamente podría estar en la película Hamlet de Zeffirelli. Bella, medieval, en la que May demuestra su gusto y sensibilidad por las armonías. Ello sirve de preludio a “Father to son”, un majestuoso poema a la relación padre-hijo, sobre todo, la inmaculada voz de Mercury, que pasa de susurros muy sutiles.
Sigue la calmada “White Queen”, para seguir en una inquietante estrofa que cuenta la marcha de un hada que trae un oscuro designio para desembocar en un suave coro.

“Some day one day”, muy sicodélica, se nota la aficción de May por Pink Floyd y el álbum blanco de los Beatles, con solos armonizadas y la voz de Brian cantada con un efecto que lo hace sonar como si cantara bajo el agua.

Para terminar el lado blanco, “Looser in the end”, el hard rock pichulero de Taylor, muy a lo Zeppelin.

Pero todo lo anterior empalidece con el dark side compuesto por el genio Mercury.

“Ogre Battle” sobreviene a tus sentidos con el riff procesado al revés, para estallar en el guitarrazo metalero, uno de los momentos estelares de Brian May. Es increíble que sin existir los efestismos de hoy, ni las distorsiones death metal, suenen tan brutales.

Del metal pasas al inclasificable “The Fairy Feller master stroke”, una opereta vulgar basada en una pintura de Richard Ladd, narra la historia de un duende que debe partir una nuez frente a un selecto público: Oberón y Titania, un contador, un monje, un plomero, entre otros. La canción tiene arreglos para volver loco a cualquier productor.

Luego sobreviene la hermosa y breve “Nevermore”, desoladora y llena de emoción, con un Mercury casi llorando y exprimiendo acordes hermosos de su piano, que nos deja descolocados al llegar “The march of the Black Queen”, que en sí misma, constituye un disco aparte, piensa en “Bohemian Rhapsody” interpretada por Yes, a eso ponle 100 dosis de peyote, y tendrás una noción vaga de qué va esto. Mercury no escatimó artificios para decorar esta opereta basada en las orgías de una reina travesti, en las que emplea duendes con cocaína, valses con el demonio, ángeles sodomizados, etc. En cierta forma muy similar a las fiestas setenteras de Mercury. 7 minutos de volada sónica, que terminan en un perfecto preludio a “Death on 2 legs” (del A night at the opera).
De la insanidad pasamos al gospel sicodélico de “Funny how love is”, con irónicas armonías de un sátiro que mofándose de la conservadora moralidad británica, crea un anti hippie manifesto a la indulgencia y al sexo.

Finalmente “7 seas of Rhye”, rock and roll como solo Queen sabe hacer, con oscurantistas letras, stacatto muteados (a lo Brighton rock) para finalizar en una canción tabernera.

En fin, esto es Queen, oscuro, sicodélico, con pelotas, olvídate de “I want to break free” o “Play the game”. Y de cuanto rock burgués hay por ahí.

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